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lunes, 13 de febrero de 2012

A series of unfortunate events... CPH version


O "cómo una inundación aumenta el riesgo de incendios".

Me encantaría que el listado de eventos desafortunados que escribo a continuación fuera invención mía. No lo es. Los hechos son totalmente verídicos.

Domingo 12 de febrero de 2012

1) 12:00 pm* - Se va el agua de CPH y de la colonia. El encargado de la casa confirma con los vecinos que no hay servicio, habla a la compañía del agua e informa a los habitantes de la casa que el agua tardará en regresar. Pide a todos verificar que las llaves estén cerradas.

2) 12:00 - 3:00 pm - Un habitante del 2º piso de la casa hace lo contrario, olvida que abrió la llave y se va de su cuarto. El agua se sale de su lavabo, inunda su cuarto y empieza a filtrarse al primer piso. Se hace un charco en la entrada de la casa. La pared por la que corre el agua es donde está situado el panel de control de todas las alarmas contra incendio. El aparato eléctrico se moja.


Pueden ver la imagen de humedad del charco

3) 3:00 pm - Empiezan a sonar las alarmas de incendios de la casa. Siguiendo el protocolo de emergencia, todos los habitantes de la casa presentes en ese momento evacuan el edificio y cruzan la calle para situarse en el área de seguridad.


Esperando en el frío la llegada de los bomberos

4) 3:15 pm - Llegan los bomberos. Después de confirmar que no hay incendio, desactivan el panel de control. (Yo llegué justo antes de esto, así que estaba preparada para el frío).


La foto trillada, pero sin los bomberos

5) 3:30 pm - Los habitantes regresan a la casa. El encargado declara estado de emergencia en la casa porque no hay alarmas de incendios activas. Pide a todos los que puedan irse de la casa o ayudar en las guardias nocturnas. Él se dedicará a revisar los cinco pisos de la casa cada treinta minutos hasta la mañana siguiente, para revisar que la casa, con todos sus habitantes durmientes, no sea víctima de una autocombustión espontánea. El resto de los inquilinos vuelven a sus actividades normales.

Lunes 13 de febrero de 2012

6) 10:00 am - Los responsables de la residencia empiezan a dar aviso a todos los habitantes de la casa que el edificio está oficialmente cerrado hasta que no se restablezca la actividad de las alarmas de incendio. Piden empezar a buscar hospedaje alterno o que en su defecto, ellos lo proporcionarán.

7) 10:15 am - Mientras preparaba el desayuno me informan de lo anterior. Pregunto si al menos puedo terminar de desayunar y me dicen "claro que sí". Desayuno y empiezo a trabajar. Algunas de las inquilinas amantes de all-things-sweet se ven forzadas a cancelar su plan de hornear y decorar cupcakes esa noche.

8) 2:00 pm - El eléctrico sigue trabajando en arreglar el pánel de control. Responde que espera lograrlo ese mismo día. Los habitantes de CPH siguen a la espera de que a las 4:00 pm confirmen o cancelen su evacuación de la casa.

El técnico trabajando en el pánel...


*Horas aproximadas

¿Cómo la ven? La verdad la situación me da bastante risa, hasta ahorita. Espero que los eventos no pierdan su gracia a la hora que nos evacuen de la casa (ojalá que no). Sobre todo porque estamos en Reading Week y mi cuarto está lleno de libros que necesito para escribir. La idea de andar de nómada por quién sabe donde con 15 libros a cuestas no me es muy atractiva.

Supongo que muchos estarán pensando que esta es una situación ridícula, yo lo he pensado así. En defensa de los encargados de la casa, creo que son víctimas del inconsciente colectivo londinense: desde que el gran incendio de 1666 que arrasó más de la mitad de la ciudad, tienen miedo terrible a que algo se vuelva a repetir. De ahí a que tengan "fire doors" en todos lados y consideren como estado de emergencia la falta de alarmas de incendios activas.

Ya les platicaré después qué pasa...

See you soon!

PD: Si quieren ver mejor a la famosa CPH, chequen este video que hizo mi amigo Pep.

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UPDATE - ¡Nos quedamos! Creo que decidieron que sacarnos era muy complicado, así que metieron a un guardia de seguridad en lo que arreglan el panel :)

martes, 15 de junio de 2010

Taking a leap... once again

Últimamente me siento dentro de un déjà vu. Me parece un poco extraño encontrarme casi en el mismo punto en el que estaba el año pasado. Leí el post "Unwritten" y fue como anillo al dedo para lo que estoy pensando ahorita. Están presentes los factores ya conocidos: incertidumbre, estrés, reflexión, duda...

Se me ha ido volando el tiempo y la familiaridad de las emociones me sorprende porque, en efecto, han pasado casi 10 meses desde que di el prime salto. Pero a la vez, me doy cuenta que la situación es totalmente diferente, porque he cambiado. Creo que este año he aprendido muchas cosas como lo que quiero y no quiero ser, con quién sí y con quién no hay que rodearse, a qué tipo de proyectos quiero dedicar mi tiempo.

A lo mejor no tengo definido el rumbo -¿quién lo tiene?- pero por lo pronto he aprendido cuáles caminos no voy a tomar en mi vida. En el fondo, sigo orientándome hacia donde mismo y me mueven las mismas motivaciones, sólo que me he dado cuenta que la forma importa muchísimo, más de lo que pensaba. Y con este aprendizaje y reflexiones en mi mente y corazón, brincaré de nuevo...

miércoles, 5 de agosto de 2009

Unwritten

Hay algo increíble en poseer libertad y tener la posibilidad de construir nuestro propio futuro. Incluso en tiempos difíciles e inciertos queda la esperanza de que habrá un mañana mejor. He estado dándole vueltas a estos temas y a mi situación actual con mi, a veces imperante, necesidad de tener control y conciencia de qué va a pasar. Pero llego a la conclusión de que si bien da miedo jugarse la certidumbre y la estabilidad en una decisión, también proporciona un sentimiento agradable el soltar amarras, el dejarse ir sabiendo que hay muchas puertas por abrir y caminos por descubrir y recorrer.

¡Nada está escrito, cualquier cosa puede pasar!

viernes, 6 de marzo de 2009

Circle of Life

Una de las películas de mi infancia que más recuerdo es la del Rey León. Aparte de que la vi el día en que cumplí 8 años, mi hermanita pequeña la quería ver todos los días, así que hubo un momento en que todos en mi casa nos la sabíamos de memoria.

Pero, entrando en el tema, uno de los motivos por lo que me gusta mucho es por su soundtrack. Especialmente me agrada la estrofa inicial de la canción que da título a este post. Así que profundizaré en ella.

From the day we arrive on the planet
And blinking, step into the sun
There's more to be seen than can ever be seen
More to do than can ever be done


Creo que me acuerdo constantemente de esta frase porque toca una verdad innegable: hay límite en lo que se puede ver, aprender, disfrutar, en pocas palabras VIVIR. Muchas veces me he cuestionado la trascendencia de una decisión pequeña, el leer un libro y no otro, ir o no ir a una actividad cultural, un viaje, etc. Hay costos de oportunidad en cada decisión que se toma. Tal vez esa sea una de las razones por las que me cuesta decir que no a las oportunidades que se me presentan, prefiero atiborrar mi agenda, no descansar tanto o incluso terminar rendida al final de un día o de un proyecto, a pensar que pude haber hecho algo y no lo hice. Y mejor ni empiezo con las decisiones más trascendentales... dónde trabajar, en qué ciudad vivir, con qué tipo de personas rodearse, etc.

Lo que me impresiona es que estas decisiones grandes, estas rutas que vamos haciendo y siguiendo en la vida muchas veces surgen de simples veredas, decisiones que no razonamos tanto y que tal vez cambiaríamos si supiéramos la trascendencia que tendrán. No creo en la suerte, creo que cada quien va haciendo la suya propia. Pero considerando todo lo anterior, el impacto de las decisiones, cómo se aprovecha el tiempo limitado y si se le saca "el jugo" que se le puede sacar a la vida según la situación personal... está cañón. Sobretodo porque muchas veces se nos va de la cabeza la idea de que nuestra vida es una y finita, cada segundo que pasa es un segundo que no regresará.
Darle vueltas a estas cuestiones puede resultar desesperante a veces. No hay respuestas claras a si uno ha hecho o no decisiones correctas, a fin de cuentas el hubiera no existe. Lo decidido, lo hecho, hecho está y lo que nos queda es el ahora y la posibilidad del futuro. Pero creo que uno puede decidir aprovechar la vida al máximo, disfrutando cada momento con lo que venga y planeando y razonando en la medida de lo posible hacia dónde se quiere orientar la vida, sin que esto sea definitivo.
Me sorprendí a mi misma al revisar el "plan de carrera" que nos pidió Carmen, la Directora de LRI, y ver que lo que quería hace 5 años es lo que he hecho o estoy haciendo y sigo queriendo. Tal vez en ese momento no sabía los cómos pero sí sabía en manera general a dónde iba. Eso calmó un poco mis inquietudes de pensar en las decisiones apropiadas en mi vida, especialmente después de las incertidumbres de graduación de diciembre pasado. Gracias a Dios puedo decir que estoy satisfecha y muy contenta de dónde estoy ahorita y que creo que voy en el rumbo correcto en mi vida en general.

Como conclusiones a mis cavilaciones les dejo algunas ideas que leí la semana pasada en la maestría “Unas Lecciones de Metafísica” de José Ortega y Gasset. Especialmente me gustó la última frase. ¡Disfruten!

El vivir, en su raíz y entraña misma, consiste en un saberse y comprender, en un advertirse y advertir lo que nos rodea, en un ser transparente a sí mismo. Por eso, cuando iniciamos la pregunta ¿qué es nuestra vida? pudimos sin esfuerzo, galanamente, responder: vida es lo que hacemos; claro, porque vivir es saber que lo hacemos, es, en suma, encontrarse a sí mismo en el mundo y ocupado en las cosas y seres del mundo.

Nuestra vida, según esto, no es sólo nuestra persona sino que de ella forma parte nuestro mundo: ella – nuestra vida – consiste en que la persona se ocupa de las cosas o con ellas, y evidentemente lo que nuestra vida sea depende tanto de lo que sea nuestra persona como de lo que sea nuestro mundo.

Vivimos aquí ahora; es decir, que nos encontramos en un lugar del mundo y nos parece que hemos venido a este lugar libérrimamente. La vida, en efecto, deja un margen de posibilidades dentro del mundo, pero no somos libres para estar o no en este mundo que es el de ahora. Sólo cabe renunciar a la vida, pero si se vive no cabe elegir el mundo en que se vive. Esto da a nuestra existencia un gesto terriblemente dramático. Vivir no es entrar por gusto en un sitio previamente elegido a sabor, como se elige el teatro después de cenar, sino que es encontrarse de pronto y sin saber cómo, caído, sumergido, proyectado en un mundo incanjeable: en este de ahora. Nuestra vida empieza por ser la perpetua sorpresa de existir, sin nuestra anuencia previa, náufragos en un orbe impremeditado. No nos hemos dado a nosotros la vida sino que nos la encontramos, justamente, al encontrarnos con nosotros. Un símil esclarecedor fuera el de alguien que dormido es llevado a los bastidores de un teatro y allí, de un empujón que lo despierta, es lanzado a las baterías, delante del público. Al hallarse allí ¿qué es lo que halla ese personaje? Pues se halla sumido en una situación difícil sin saber cómo ni porqué, en una peripecia; la situación difícil consiste en resolver de algún modo decoroso aquella exposición ante el público, que él no ha buscado ni preparado ni previsto. En sus líneas radicales la vida es siempre imprevista. No nos la han anunciado antes de entrar en ella – en su escenario, que es siempre uno concreto y determinado –, no nos han preparado.

La vida nos es dada – mejor dicho nos es arrojada o somos arrojados a ella –, pero eso que nos es dado, la vida, es un problema que necesitamos resolver nosotros, Y lo es no sólo en esos casos de especial dificultad que calificamos peculiarmente de conflictos y apuros sino que lo es siempre. Cuando han venido ustedes aquí han tenido que decidirse a ello, que resolverse a vivir este rato en esta forma, que traerse a sí mismos aquí. Dicho de otro modo: vivimos sosteniéndonos en vilo a nosotros mismos, llevando en peso nuestra vida por entre las esquinas del mundo. Y con esto no prejuzgamos si es triste o jovial nuestra existencia: sea lo uno o lo otro está constituida por una incesante forzosidad de resolver el problema de sí misma.

Por lo mismo que nuestra existencia es en todo instante un problema, grande o pequeño, que hemos de resolver sin que quepa transferir la solución a otro ser, quiere decirse que no es nunca un problema resuelto, sino que en todo instante nos sentimos como forzados a elegir entre varias posibilidades. ¿No es esto sorprendente? Hemos sido arrojados en nuestra vida, y a la vez, eso en que hemos sido arrojados tenemos que hacerlo por nuestra cuenta, por decirlo así, fabricarlo. O dicho de otro modo: nuestra vida es nuestro ser. Somos lo que ella sea y nada más; pero ese ser no está predeterminado, resuelto de antemano sino que necesitamos decidirlo nosotros, tenemos que decidir lo que vamos a ser.

Vida es lo que somos y lo que hacemos: es, pues, de todas las cosas la más próxima a cada cual. Pongamos la mano sobre ella, se dejará apresar como una ave mansa.

martes, 30 de diciembre de 2008

Con más juicio en el 2009

Terminé el 2008 bien. No estoy segura si soy en palabras de mis amigas colombianas, más juiciosa (traducción al español mexicano: "siendo mejor persona, más centrada y responsable"), pero definitivamente aumentó mi juicio, al brotar otra parte de una muela que vio la luz hace 5 años. Su llegada no fue exactamente bien recibida. Coincidió con un día de viaje y trajo varias molestias que me llevaron al consultorio de mi abuelo y a toda mi familia a posponer la salida.


El viaje en sí fue como muchos que hemos emprendido, interesante. Despues de tres horas y media de carretera más las respectivas paradas por burritos y seguro, añadimos casi tres horas de cruce del puente. Sí, TRES HORAS en Sta. Teresa en domingo (ó 172 minutos de nuestras vidas). Cuando por fin pasamos la frontera, momentos antes de que cerrara el puente, nos detuvimos a que mi hermana sacara otro permiso de viaje, sólo para que le cerraran la puerta en las narices. Pero eso no fue todo... nuestro trayecto se alargó media hora cuando la querida troca, víctima de falta de gasolina y años de duro servicio, empezó a fallar. Estábamos a algunos kilómetros de una gasolinera, en una zona sin luz y despoblada con un frío intenso y en un vehículo a punto de matarse. Creo que llegamos a una Shell por el puro deseo de no tener que salir a ver que podíamos hacer.


Con todo eso detras y habiendo disfrutado de una cena sin problemas y dolores, gracias a las medicinas, me dispuse a dormir. Pero la batalla por el incremento del juicio en mi persona no había terminado aún. Me levanté al día siguiente más hinchada y adolorida, le enseñé a mi hermana mi situación bucal y me dijo que en efecto, me veía muy cachetona y adentro no se veía bien. Aparte de todo yo no estaba tan segura cual era el problema que padecía, puesto que me dolía el lado derecho de la garganta y el lado derecho de la boca, que se me hacía raro por no saber si era un efecto de la muela, o de la garganta o una mezcla de ambas cosas.


La respuesta me la dio el novio de mi prima, que como estudiante de medicina me diagnosticó. Me dijo que la infección de la mitad de la garganta era una simple coincidencia sincrónica con el descubrimiento parcial de mi muela, pero que con el tratamiento que estaba tomando mejorarían los dos. Cabe señalar que la opinión médica fue respaldado por las otras cinco personas presentes, que junto con Alonso y la luz guía de una linterna se asomaron a mi boca. Les puedo decir que es bastante raro tener a la mamá, a la tía, a tres primas y al novio de una de ellas tratando de ver más de lo que una generalmente enseña, por decirlo así, sobretodo cuando emiten comentarios como "¡eres buenísima abriendo la boca, Mariana!" o "¿cómo te metes el dedo hasta la garganta?, no podrias ser bulímica".


A un día de terminar el tratamiento y de estar mucho mejor de mis dos padecimientos de salud estoy feliz de informarles que el aumento de juicio ha sido aceptado, bajó la hinchazón y el dolor y ahora solo tengo un poco más de blanco en mi boca. Luego les contaré si me lo quedaré o si tendré que perder algo de juicio en aras de la salud dental. Mientras tanto les deseo un muy Feliz Año 2009, espero que aunque aumente o disminuya su juicio a lo largo del mismo, por lo menos disfruten mucho sus comienzos.


PD: Acabo de regresar del dentista, que todo está bien con mi muela, tomaré más desinflamatorios y seguiré con el antibiótico. La mala noticia es que mi infección progresó a un mega resfriado, así que pasaré mis últimos días de vacaciones recuperándome para empezar a trabajar.

lunes, 29 de septiembre de 2008

¿¡Salvando perros!?

Hace como tres semanas, aprovechando el clima fresco, Rita y yo veníamos caminando de vuelta a mi casa del ballet. Como siempre, estábamos metidas en la plática cuando de repente, nos salió un perro grande y peludo de una esquina. Después del susto, el perro nos empezó a seguir, mansito sin un ladrido, vino tras nosotras por dos o tres cuadras. Ya para entonces nos habíamos dado cuenta que no hacía nada y que probablemente se había salido de una casa, aunque no traía collar ni plaquita para identificarlo. Pasamos a algunos vecinos que tampoco tenían idea alguna de su origen, así que seguimos caminando junto al perro.

Cuando casi lo atropellan al cruzar la calle, me dio lástima. Por un segundo medí las consecuencias de llevarlo a mi casa y el posible disgusto con el que lo recibiría mi madre, pero decidí que prefería eso a pasar al día siguiente y ver al pobre perro muerto en la calle. Rita, que también tiene su propia historia de salvación de perros, apoyó la moción y juntas nos dispusimos a llevarlo a mi casa. Como leyendo nuestras mentes, el perro se empezó a desviar, prefirió irse a olfatear y a ladrarle a todos los perros de cada calle, que eran muchos, por lo que descubrimos, que continuar el camino con nosotras.

Así que hablándole, corriendo y hasta usando el gloss de Rita como carnada, pudimos acercarlo poco a poco a mi casa. Ya afuera el perro se negó rotundamente a entrar, y acordándome de una experiencia parecida que viví con Sara y su perro Benji, corrí adentro por un pedazo de salchicha. El pobre animal, probablemente hambriento entró. Y en lo que estaba abriéndole la puerta trasera que da al jardín… llegó mi mamá.

Tal como lo había previsto me preguntó con cara de horror, “¿qué hace ese animal aquí?”. Ya le expliqué la situación y a regañadientes me dijo que lo quería fuera rápido. En su defensa, debo aclarar que en mi familia probablemente corre un gen rescata-perros. Mi papá tiene una larga historia de traer perros perdidos, regalados o abandonados a la casa. La mitad terminaban en el rancho pero varios se quedaron en la casa, los nombres de Chispa, Rompope, Junior, Fili y Solovino, traen recuerdos memorables a mi familia. Aparte de esto, mi casa ha servido de hotel canino otras tantas veces para los perros de mis tíos: han pasado por el patio trasero Jerry el presumido, la Romaria mexicana y el cliente frecuente, Roy. Supongo que al momento de ver al chucho, todas estas historias vinieron de golpe a la mente de mi mamá. Le prometí que pronto se iría, que iba a poner anuncios y checar el periódico y hacer todo lo necesario para devolver el perro a su hogar.

Lamentablemente, no pude cumplir mi promesa al pie de la letra porque como toda esa semana llovió, me pareció un desperdicio pegar anuncios para que se mojaran y cayeran. Pasó el fin de semana, y ni un anuncio por el perro, que según yo identifiqué como Chow Chow, apreció en el periódico. Mi mamá mientras tanto no cesaba de dar a conocer sus deseos de despedirse definitivamente del perro y me pasaba ideas: “vende al perro, como tu hermano vendió al cachorrito que se encontró” (sí, mi hermano también posee el mismo gen familiar, jaja), “vi en el periódico una escuela para perros que busca animales adultos, habla”, “un amigo de tu abuelo tiene un albergue, comunícate con él”. Yo le decía que lo haría en cuanto pegara anuncios y no obtuviera respuesta positiva.

Cuando finalmente pegué los anuncios, para mi desgracia, no obtuve lo esperado, ni una triste llamada recibí. Me esperé una semana antes de comenzar con los planes de contingencia sugeridos por mi madre. Hablé a la escuela de perros, “sólo compramos perros Golden Retrievers, Labradores, Dálmatas, etc., Chow Chows no”, fue la respuesta que recibí. Una opción menos, bueno, a la siguiente, el albergue del amigo de mi abuelo, “no recibimos, sólo hacemos muestras para que los den en adopción, tráelo el sábado a las 3:00 pm a esta dirección”. Cero y van dos, bueno, fueron realmente tres callejones sin salida, considerando que a diferencia de mi hermano, no conseguí a nadie interesado en comprar el perro.

Para entonces, el perro había demostrado que además de juguetón era también destructor y comencé a compartir la opinión de mi mamá de que tenía que irse lo más pronto posible. Siguiendo el consejo de mi papá, experto en el tema de reubicación canina, me metí a una página de Internet de otro albergue, apunté el teléfono y hablé. Me contestó Marylin, que muy amablemente escuchó mi caso de rescate y procedió a explicarme que aunque normalmente hubiera recibido a mi perro, lamentablemente no podría hacerlo porque Municipio estaba a punto de clausurale el albergue y dejar sin hogar a alrededor de 50 animales entre perros y gatos que tenía en su propia casa (!!!) Me pude imaginar su dilema de encontrarle hogar a tanto animal, si yo no podía hacerlo con uno solo, así que escuché pacientemente sus recomendaciones de llevar a esterilizar al perro para que bajara su nivel de destrucción y mi mamá lo aceptara. Otra vez sin ninguna opción, hasta que se me ocurrió preguntarle a la señora que nos ayuda, si no conocía a alguien que lo quisiera. Esa misma tarde me encontró cliente y mi mamá feliz, me habló a darme la noticia. El perro se iría a un nuevo hogar en una granja.

Hoy finalmente vinieron por él. Saldo final de su paso por mi casa: $150 de croquetas, una maceta quebrada, una manguera mordida, el mosquitero de la puerta de la cocina hecho pedazos… pero salvar a un pobre animal: ¡no tiene precio! Jajaja.